DOCUMENTO POLÍTICO


Aprobado el 27 de febrero de 2010

en la VIII Asamblea de

Izquierda Unida de Navarra-Nafarroako Ezker Batua

por 74 votos a favor, 1 en contra y 9 abstenciones.

 






1. DE DÓNDE VENIMOS.

1.1.VII Asamblea de IUN-NEB.

1.2.IX Asamblea Federal de IU.


2. A DÓNDE VAMOS. LA REFUNDACIÓN DE LA IZQUIERDA.


3. EL ENTORNO POLÍTICO.

3.1. La crisis económica, el agotamiento de un modelo social y político.

3.2. Las respuestas de la derecha, las respuestas desde la izquierda.

3.3. España, la necesidad de la alternativa.

3.4. Navarra, las dificultades del cambio.

3.5. El reto de 2011.


4. NUESTRA PROPUESTA.

4.1. Transformación social; un Estado solidario.

4.2. Democracia radical; la alternativa republicana.

4.3. Con el trabajo y los trabajadores.

4.4. Autogobierno y participación; nuestro federalismo.

4.5. Nuestra identidad laica: pluralismo y convivencia.

4.6. Hombres, mujeres e igualdad.

4.7. Nuestro planeta; ecologismo y pacifismo.


EN RESUMEN: 20 ideas y 11 propuestas para la izquierda navarra



1. DE DÓNDE VENIMOS.


1.1. VII Asamblea de IUN-NEB.


La VII Asamblea celebrada en noviembre de 2007 tenía lugar con la resaca de las elecciones forales y municipales de mayo, en las que sufrimos una importante derrota electoral, con una importante pérdida de apoyo social que benefició a las formaciones con las que competíamos, y también  con la resaca de la entrega del gobierno a UPN por parte del PSN-PSOE en agosto, renunciando al gobierno de progreso con IUN-NEB y Nafarroa Bai pese a que la negociación estaba muy avanzada para su formación. Señalábamos entonces la necesidad de autocrítica pero también de cambio y relanzamiento tanto de nuestra organización como del conjunto del espacio de la izquierda plural.


En el documento aprobado entonces afirmábamos que “tanto hoy como ayer sigue siendo imprescindible para construir una Navarra socialmente justa, democrática y plural la existencia de una izquierda fuerte y creíble. O somos capaces de organizar y movilizar a la izquierda plural o sino, mientras nos enredamos en la eterna e interesada confrontación de identidades, los sectores sociales y económicos de la derecha continuarán cómodamente, como lo han hecho hasta ahora haciendo y deshaciendo, ellos por todos, el futuro de nuestra  sociedad”.


Manteníamos que “frente a una globalización neoliberal que genera más desigualdad, más pobreza, menos democracia y más guerras y violencia defendemos que otro mundo basado en los derechos humanos, sociales, medioambientales y democráticos es posible. Ante al pensamiento neoliberal que afirma que el modelo capitalista global representa el fin de la historia nosotros sostenemos la necesidad social, económica y democrática de una alternativa socialista”. Ante el gobierno de la derecha, la renuncia del PSN a trabajar por alternativas de izquierda y el empeño de los nacionalistas vascos en mantenerse en la confrontación identitaria, decíamos que “queremos proclamar con humildad pero también con voz bien alta y clara que no nos resignamos, que creemos imprescindible y urgente una reacción fuerte, decidida y coherente de la izquierda social de Navarra”.


1.2. IX Asamblea Federal de IU.


La IX Asamblea Federal se celebró en diciembre de 2008. Tras unos tiempos presididos por los enfrentamientos internos se estableció una nueva estructura y composición de sus órganos de dirección bajo la premisa de recomponer la unidad interna y reflejar el consenso entre las distintas sensibilidades de la organización y la pluralidad en la ejecución colegiada de la política de IU.


Se afirmaba en sus resoluciones que “la IX Asamblea Federal, llega, sin duda en un momento de emergencia civilizatoria, la primera crisis del capitalismo global y su materialización en España son la penúltima manifestación de la incapacidad del capitalismo para construir un futuro sostenible para la mayoría de la humanidad”. Entre las resoluciones aprobadas en materia económica y de respuesta a la crisis se propuso la movilización para denunciar a los responsables de la crisis y por un nuevo modelo económico en el que las políticas redistributivas pasen a primer plano y que esté basado en el pleno empleo de calidad.


Sin duda de cara al futuro una de las decisiones más importantes fue la aprobación por amplísima mayoría de un documento para “Un proceso constituyente para la Refundación de Izquierda Unida”. Entre otras afirmaciones se hacían las siguientes:


- “Creemos firmemente que la crisis política, orgánica y electoral de IU, no es la crisis de los valores que pretendemos defender ni de los objetivos estratégicos que quisiéramos alcanzar.

No tenemos dudas de la existencia de un espacio político propio y viable para la izquierda alternativa. Tampoco tenemos duda de que ese espacio exige de una representación genuina.

Pero a la vez, somos conscientes de que es necesario introducir cambios profundos en nuestra manera de hacer, en nuestra organización y en nuestra manera de relacionamos con los sectores a los que decimos representar”.


- “El objetivo central de la refundación de IU es convertirnos en una organización con propuestas útiles y viables para la transformación social y para la mejora de las condiciones objetivas de vida de las clases populares en la perspectiva de la superación del sistema económico capitalista en un sentido socialista”.


- “El proceso de refundación no va alterar lo que son nuestras señas de identidad, nuestro carácter de izquierda anticapitalista y alternativa. Desde hace 22 años nos reclamamos de lo rojo y de lo verde, nos declaramos feministas, republicanos, federalistas y pacifistas. Y no es para poner en cuestión estos principios para lo que iniciamos un proceso de refundación, sino para profundizar en su significado y encontrar la mejor manera de ser consecuentes con ellos”.


- “Para nosotros, los hombres y las mujeres de U, la Refundación no debe hacerse en clave endogámica, sería un comienzo estéril. Es preceptivo hacer una Convocatoria abierta a colectivos, personas, ex—militantes, etc. para comenzar un proceso en el cual se debatirán y fijarán los ejes, compromisos y características de la nueva IU. La reconstrucción de la alterativa debe asentarse en la más amplia pluralidad (desde la sensibilidad comunista hasta la socialdemócrata de izquierdas, pasando por el republicanismo, el ecologismo, el feminismo y el pacifismo), con un programa claro anticapitalista, de transformaciones y teniendo como referencia europea al Partido de la Izquierda Europea”.


2. A DÓNDE VAMOS. LA REFUNDACIÓN DE LA IZQUIERDA.


La nueva dirección elegida en la IX Asamblea Federal ha ido abordando con ciertos retrasos los compromisos contraídos para proceder a la Refundación de la Izquierda. El proceso de refundación en que estamos inmersos no es solamente de IU, sino de toda la izquierda alternativa y transformadora, y por ello se ha trazado el calendario de un doble proceso:


a) Un proceso interno que pasa por la actualización de los censos y la resolución de los conflictos internos con reincorporación al proyecto de  compañeros que, por un motivo u otro, han dejado la militancia.


b) Un Proceso de Convergencia política y social, la creación de un espacio abierto de encuentro plural y diversificado, democrático y participativo no excluyente ideológicamente, de fuerzas políticas, sindicales, entidades y movimientos de la sociedad civil que se oponen al neoliberalismo y al capitalismo. Este proceso ha de ir construyendo programas de acción política que puedan ser puestos en práctica de forma inmediata y ha de generar una nueva organización política capaz de defender, difundir, dinamizar y poner en práctica el programa y las propuestas elaboradas y aprobadas.


Este segundo proceso se ha iniciado con un acto de llamamiento a la refundación y con la creación de foros o mesas de debate tanto sectoriales como territoriales a nivel federal, regional/nacional  y local, que han de culminar en un gran foro estatal que aprueba el Nuevo Programa Político que servirá de base para la Asamblea de Refundación que se realizará a lo largo del año 2010; una asamblea volcada en la elaboración del programa de acción política de la nueva organización.


En el documento de Llamamiento a la Refundación publicado en noviembre de 2009 se afirma entre otras cosas lo siguiente:


“Los y las firmantes de este Llamamiento nos comprometemos a trabajar para que todas las personas, organizaciones y grupos activos que nos reclamamos de la Izquierda empecemos a converger en un espacio común de deliberación y aprendizaje colectivo. Nos comprometemos a reunirnos a nivel de barrio, de centro de trabajo, de ciudad, de comarca y mancomunidad, de comunidad autónoma, nacionalidad histórica y también a nivel de todo el Estado. Nos comprometemos a formar foros y mesas territoriales, foros temáticos y sectoriales para la refundación de la Izquierda, espacios en los que pretendemos ponernos de acuerdo sobre cómo abordar los grandes y los pequeños problemas que nos afectan, para intentar solucionarlos e ir definiendo un nuevo proyecto político de tipo federal, republicano, feminista y socialista. Estos espacios tienen que ser plurales, pero tienen que comprometerse con un proyecto solidario en todo el Estado, ser algo más que la suma de organizaciones, de núcleos e iniciativas ya existentes. Tienen que aunar y aprovechar los esfuerzos del pasado, pero también tienen que fomentar las iniciativas innovadoras.


Nuestro objetivo es crear espacios de participación ciudadana dentro y fuera del trabajo, núcleos de poder organizado para que las personas puedan trasladar directamente sus necesidades a las instituciones, a los medios de comunicación, a los centros del poder político local, autonómico y estatal. Nuestro objetivo es mostrarle a toda la sociedad que es posible y que es más efectivo abordar los problemas de forma cooperativa, que no es necesario hacerlo compitiendo y atomizándonos. Nuestro objetivo es que la ciudadanía le arranque espacios a los intereses corruptos y endogámicos, a la lógica insaciable del capital, a los intereses de las empresas multinacionales. Nuestro objetivo es superar las distintas jerarquías que aquejan hoy a la sociedad, incluidas las jerarquías de género sobre las que se sustenta todo tipo de violencia contra las mujeres.


Nos proponemos hacerlo utilizando medios democráticos, denunciando y elaborando soluciones alternativas, creando una nueva cultura republicana en la que lo de todos y lo de todas esté por encima de los intereses excluyentes. Queremos que la ciudadanía participe activamente en este proceso abriendo la perspectiva de una sociedad distinta, más justa y sostenible para nosotras y nosotros así como también para nuestros hijos e hijas, una sociedad en la que realmente se cumplan y hagan cumplir los derechos humanos, incluidos los derechos sociales, para todas y todos los habitantes del planeta. Nuestro objetivo, en definitiva, es que nuestra generación vaya construyendo una sociedad mucho más justa, solidaria y sostenible, una sociedad socialista para el siglo XXI”.


Este es el proceso en que estamos embarcados y en el cual esta VIII Asamblea ordinaria de IUN-NEB se enmarca.


3. EL ENTORNO POLÍTICO.


3.1. La crisis económica, el agotamiento de un modelo social y político.


Durante las tres últimas décadas la ideología neoliberal, actuando como un rodillo frente a cualquier oposición, ha logrado imponer de forma global sus modelos y recetas tanto en el orden económico como en el político. En la economía el neoliberalismo global ha consagrado como regla de oro la absoluta supremacía del libre mercado y el interés individual sobre lo público y el interés general. Este principio general se ha traducido a lo largo y ancho del mundo en un aluvión de desmantelamientos de políticas públicas, de privatizaciones de empresas y servicios públicos, de rebajas y supresiones de impuestos a las rentas del capital y empresariales, de eliminaciones y reducciones de derechos laborales, de desregulaciones del mercado de trabajo, y en definitiva de marginación de cualquier espacio o instrumento de protagonismo y representación de lo colectivo o lo público.


Y en lo político el pensamiento neoliberal ha tratado de vaciar la democracia real, viva y participativa, ofreciendo como placebo que la sustituya una supuesta democracia de mercado basada en la satisfacción de necesidades e intereses individuales. Una democracia de mercado en la que la política se limita a publicitar y ofertar imágenes y candidatos que se compran o se desechan como cualquier otro producto, y en donde la política democrática, entendida como un conjunto de derechos, instrumentos y procedimientos que sirven al ciudadano para ser protagonista de las decisiones públicas, para participar e intervenir activa y decisivamente en lo público, pierde terreno y protagonismo porque el ciudadano político pasa a ser un consumidor de la política. Un consumidor de la política al que se le convence de que participar en ella no le interesa, que la debe dejar en manos de profesionales eficaces, porque lo que le conviene es dedicar todo su tiempo y esfuerzo al mercado y a su enriquecimiento personal.


Estas son las doctrinas que han campado a sus anchas por todo el mundo los últimos treinta años, y que hemos conocido y padecido bajo el concepto de globalización neoliberal. Pero para que estas ideas, radicales y sectarias, se hayan impuesto de forma tan general ha sido necesario el cumplimiento de una condición previa imprescindible: la supremacía ideológica y cultural alcanzada por el neoliberalismo, y por sus contravalores, sobre los principios y valores de la izquierda.


Treinta años de globalización neoliberal no encontraron una resistencia coherente y firme de la izquierda en el terreno ideológico y cultural, sobre todo por parte de los partidos socialdemócratas, y la consecuencia fue la hegemonía de la derecha. Durante los últimos 30 años la derecha desplegó una contundente lucha de clases de ¨los de arriba¨ contra ¨los de abajo¨  (esa ha sido la esencia del neoliberalismo) frente a la que muy poca resistencia ideológica ha presentado la socialdemocracia que se ha dedicado a gestionar el día a día allí donde gobernaba mientras se desmantelaban las políticas públicas de intervención económica, se bajaban impuestos y se consolidaba una sociedad asentada en los valores del individualismo y el consumismo.


En todo caso las propias contradicciones y limitaciones del sistema capitalista y de globalización neoliberal nos han conducido al colapso del modelo y a la brutal crisis que hoy padecen, no los responsables y gestores del sistema, sino millones de ciudadanos que se han convertido en sus víctimas. Las enormes burbujas financieras e inmobiliarias que al explotar se han llevado por delante los ahorros y el futuro de millones de ciudadanos, la extensión del fraude y la corrupción que amenaza con hundir la ya escasa credibilidad democrática de las instituciones, la vertiente financiera de la crisis, en otras palabras, ha servido para poner de relieve el papel parasitario de la gran banca y entidades a ella asociadas. Pero no sólo ha sido una crisis financiera, ya que la de la economía real no se le ha quedado atrás y ha sido quizás la primera crisis económica de naturaleza verdaderamente mundial, aunque no uniforme, que ha sufrido la humanidad. Ni la crisis ni el aumento del paro ni la exclusión social son maldiciones divinas, sino la consecuencia inevitable de un sistema y un modelo que ha endiosado el mercado y el individualismo, y que ha condenado la participación democrática y el valor de lo público.


Por lo tanto en buena lógica la crisis que ahora afrontamos es la crisis del sistema mismo y la solución debería pasar por una transformación de raíz de la sociedad. No se trata de sustituir un modelo de capitalismo (“neoliberal”), malo, por otro (“desconocido aunque sostenible”), bueno. De no hacerlo, bien pudiera suceder que la salida de la crisis se salde en lo económico con una nueva vuelta de tuerca en la continuidad y profundización del modelo neoliberal, y en lo político con una aún mayor deserción de la ciudadanía de la política. Lo cierto es que por mucho que el sistema salga de esta crisis, volverá a tener otras en algunos años, con sus secuelas de paro y empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera. sostenibilidad y mercado son términos irreconciliables.


Todo dependerá de la correlación de fuerzas  existente, y de la capacidad de la izquierda para presentar alternativas y movilizar en torno a ellas a la sociedad. Y todo dependerá también de si la izquierda planta batalla a la derecha en el terreno de los valores y los principios. De esta forma, y poniendo la prioridad en el conjunto de crisis que sangran el planeta (sociales, económicas, medioambientales, norte-sur, alimentarias, militaristas...) la izquierda debe recuperar su alma, sus principios y valores, para poder volver a dar la batalla por otra Europa posible, y por otro mundo posible. Una Europa y un mundo socialista.


El capitalismo, se nos decía, era el único sistema económico posible, el desplome de los regímenes existentes en la hoy extinta URSS y sus países aliados suponía el fin de la historia y un largo período de crecimiento en los países desarrollados anunciaba el fin de la crisis cíclicas que lo habían sacudido en el pasado. Este aparente éxito, que la actual crisis ha hecho saltar en pedazos, era la base material sobre la que se basaba la supremacía ideológica y cultural de los valores del capitalismo, mientras la izquierda se sumía en una profunda desorientación, que en el caso de los dirigentes de la socialdemocracia se traducía en una asunción de esos valores y políticas.


3.2. Las respuestas de la derecha, las respuestas desde la izquierda.


Hace dos años el gobierno socialista prometía el pleno empleo, y hoy más de cuatro millones de parados son el más contundente termómetro social del fracaso de las políticas económicas aplicadas en las últimas dos décadas por el PSOE y el PP. Hoy en el propio desarrollo y gestión de la crisis el PSOE también está marcando la raya que separa a los responsables de sus victimas, pero no precisamente en favor de estas últimas.


En el último año bancos y cajas, responsables en primera línea de la burbuja inmobiliaria, han puesto la mano para recibir del gobierno decenas de miles de millones de euros mientras centenares de miles de trabajadores y trabajadoras ponían la cara para recibir los golpes de la crisis en forma de paro y exclusión social. Jóvenes, inmigrantes, trabajadores temporales, autónomos y pequeños empresarios han sido los paganos fundamentales de esta catástrofe social mientras que buena parte de sus máximos responsables obtenían del gobierno los apoyos y ayudas que reclamaban.


Ante este escenario es preciso reconocer que la izquierda social y política no ha sido capaz, no hemos sido capaces, de impedir mediante la lucha y la movilización que sean los más débiles los que sufran y padezcan los costes del desastre social que supone la presente crisis económica. El ajuste del modelo económico se ha producido, proceso que continúa, en términos de pérdidas masivas de empleo. Y a partir de ahora lo que se va a decidir es en qué condiciones y con qué contenidos se diseña y se realiza la salida de la crisis. Y es en este terreno donde se aprecian con más claridad las diferentes alternativas que presentan la izquierda y la derecha.


En este momento ya están claramente planteados los dos escenarios posibles de salida de la crisis económica; el escenario propuesto  abiertamente por la derecha económica y política por un lado, y la salida alternativa que sostenemos desde la izquierda política y social por otro. Y en medio, sin despejar las dudas y las incertidumbres sobre el rumbo a seguir, continua un gobierno del PSOE que un día afirma que no permitirá ningún recorte de derechos mientras que al día siguiente sostiene la necesidad de una reforma laboral.


La receta de la derecha ha sido hecha pública tanto por sus portavoces políticos como empresariales, y tiene como contenido fundamental reformar el mercado de trabajo para reducir derechos a los trabajadores, posibilitar con carácter general los despidos sin pasar por la tutela de los tribunales o la autoridad laboral, reducir las cotizaciones empresariales a la seguridad social, reducir los impuestos a las empresas y asimismo reducir los salarios. De esta manera CEOE, PP y CIU, la derecha política y económica, persiguen no solo que los trabajadores paguen los platos rotos de la crisis, como ya lo están haciendo en forma de destrucción masiva de empleo, sino que además salgan de la misma con menos derechos y más debilitados. Si estas propuestas pasan al BOE tendremos, no solo ya la actual destrucción de empleo que padecemos, sino también menos protección social, menos servicios y políticas públicas, despidos todavía más baratos, menos salarios, menos pensiones, y en definitiva mucha más desigualdad e injusticia social.


Nosotros, por el contrario, desde la izquierda política y social estamos defendiendo una salida de la crisis por una parte favorable a los trabajadores y a la mayoría social, y por otra que ponga las bases para un modelo económico y social alternativo. Por no retroceder sino avanzar en derechos sociales y laborales eliminando la contratación temporal fraudulenta, mantener las cotizaciones sociales a la Seguridad Social, no descargar sobre los salarios nuevos ajustes sociales, aumentar los impuestos a los que más tienen para incrementar las políticas públicas y la protección social, nacionalizar la banca y los sectores estratégicos de la economía para ponerlos al servicio de la satisfacción de las necesidades sociales mediante la planificación democrática de la economía, en la apuesta por el capital humano, y en la participación real de los trabajadores en las decisiones económicas y empresariales y en la gestión de los asuntos públicos.


Estas nuevas políticas que proponemos conllevarían un cambio en la línea económica que tanto PSOE como PP han aplicado en las últimas décadas, y supondría orientar la gestión y la salida de la crisis a favor de las personas y los trabajadores. Y esta es la apuesta que defiende, y por la que trabaja y se moviliza IU para lograr una salida justa y democrática a la crisis. No es nuestro programa de máximos, no es el socialismo democrático del siglo XXI al que aspiramos, pero sí debe ser el contenido compartido por la izquierda política y social para movilizarse frente a las exigencias antisociales de la derecha.


Los sindicatos por su parte tratan en este momento de alcanzar estos objetivos en el proceso de diálogo social. El gobierno del PSOE ya ha dejado claro donde se posiciona: con una salida antisocial de la crisis. Su trayectoria y sus decisiones de política económica en los últimos años no le sitúan precisamente al lado de la izquierda y los trabajadores: apoyó el ahora colapsado modelo económico sustentado en la especulación del ladrillo y el endeudamiento masivo, ha aplicado rebajas de impuestos a los ricos (bajar impuestos es de izquierdas llegó a afirmar Zapatero), o ha transferido decenas de miles de millones de euros del sector público al sistema financiero sin exigir responsabilidades y sin impulsar un sistema financiero público. Y finalmente continúa lanzando significativos guiños a la derecha económica y política entre los cuales destaca sus pronunciamientos a favor de una reforma laboral, sin precisar su contenido, a pesar de que no ha sido el mercado de trabajo el responsable de la crisis y el paro.


En este contexto IU estará en movilización permanente contra la crisis y sus responsables. Debe estar, por lo tanto, concienciada, dispuesta y movilizada para participar en primera línea, en la defensa de los trabajadores y de una sociedad más justa y solidaria. IU estará preparada para intervenir ante cualquier forma que presente, en un  futuro próximo, el conflicto social que supone una crisis económica.


3.3. España, la necesidad de la alternativa.


La política española se caracteriza en estos últimos años por el asentamiento de un bipartidismo PSOE-PP que recuerda mucho al turnismo de la Restauración. Gracias al sistema electoral, al control de los medios de comunicación públicos y privados y al uso partidista de los espacios institucionales, los dos grandes partidos han ido desplazando a todos los demás ampliando su ámbito electoral y político. Sólo los partidos nacionalistas y regionalistas, gracias a la concentración del voto en una Comunidad Autónoma o una provincia, logran mantener una representación adecuada a sus votantes y una capacidad de presencia pública y propuesta política. El régimen electoral castiga especialmente a Izquierda Unida y deja a cientos de miles de ciudadanos sin representación tanto en las Cortes Generales como en los parlamentos autonómicos y ayuntamientos.


La  alternancia en el gobierno de PP y PSOE en los últimos años nos ha permitido observar las diferencias entre ellos, pero también sus coincidencias. Los ejecutivos de Rodríguez Zapatero han impulsado algunas políticas progresistas (que han contado con el apoyo de IU) en cuanto a reconocer derechos sociales y políticos; en tal sentido podemos mencionar la reforma del matrimonio, equiparando a las parejas homosexuales, la ley de la dependencia, la ley de igualdad de hombres y mujeres, la ley de salud sexual y reproductiva, etc. Medidas que ante la caricatura que de Zapatero hace la derecha más extrema, política y mediática, presentándole como un peligroso líder izquierdista y radical, le permiten mantener cierta etiqueta de progresismo. Pero medidas que, en general, no cuestan mucho dinero o no ponen en peligro el orden económico existente. También se apuntó algún tanto en el terreno del pacifismo retirando las tropas de Iraq; pero que ha compensando en la guerra de Afganistán con la presencia de tropas españolas apoyando la intervención de la OTAN. Pero donde el PSOE no se diferencia tanto del PP es en la política económica y fiscal. En ese sentido, hay demasiada continuidad entre las políticas de los gobiernos de Aznar y las políticas de los gobiernos de Zapatero. No es extraño que ambos se hayan comprometido con el Tratado de Lisboa, o que el PSOE pueda apoyar a Van Rompuy o Durão Barroso, junto con toda la derecha europea, para dirigir la Unión Europea. La llegada al poder del PSOE no supuso ninguna ruptura con las recetas neoliberales imperantes; y la corrección de esas recetas que ha impuesto la crisis económica ha sido también pareja con la que los demás gobierno europeos y occidentales han aplicado, una política económica que privatiza los beneficios y socializa las pérdidas contribuyendo no a redistribuir la renta con criterios sociales sino a restaurar y garantizar la tasa de beneficios del capital bancario. Medidas como suprimir impuestos a los ricos (el Impuesto sobre el Patrimonio), seguir resolviendo la necesidad de recaudación con la imposición indirecta (subida del IVA), auxiliar con dinero público a los bancos en crisis en mucha mayor medida que lo que se auxilia a las pequeñas empresas o a los parados, o subvencionar la pervivencia de la cultura del ladrillo mientras se invoca un cambio hacia una economía basada en la I+D, pero recortando los presupuestos para ello y amenazando con el Plan Bolonia el carácter público de la enseñanza universitaria y su pensamiento crítico e independiente del mercado y del capital, caracterizan a un partido que hace años pasó en cuanto a modelo económico de la socialdemocracia más moderada al liberalismo progre. Que el PSOE hace prácticamente la misma política económica y fiscal que haría el PP queda patente cuando Mariano Rajoy clama contra ella para desgastar al gobierno y recoger los correspondientes réditos electorales pero es incapaz de enunciar sus alternativas.


Que en España haya posibilidad de una alternativa a este nuevo turnismo de vocación conservadora, que sea posible una verdadera alternativa de izquierdas y no una mera alternancia, pasa necesariamente por un fortalecimiento de Izquierda Unida, tanto a nivel electoral como social, por la movilización de una izquierda que es mucho más amplia que nuestro electorado en estos últimos años, por implicar a todos los sectores progresistas que no se conforman con el mal menor de que gobierne el PSOE, aunque sea pactando con la derecha nacionalista de CiU, PNV o CC, para que no gobierne el PP pactando con la derecha nacionalista de CiU, PNV o CC.


3.4. Navarra, las dificultades del cambio.


El Gobierno de Navarra se mantiene en manos de UPN, en solitario o en coalición, desde 1991. Sólo durante un año, en 1995, funcionó un gobierno diferente que se sostenía con el apoyo parlamentario de IUN-NEB sobre la base de un pacto programático de progreso. Por lo tanto cuando en 2011 termine la actual legislatura cumpliremos dos décadas de gobiernos casi ininterrumpidos de la derecha en Navarra. Veinte años en los que el cambio político de izquierdas en Navarra no se ha producido, y lo que es más grave, en los que la izquierda tampoco ha avanzado significativamente en disputar las mayorías sociales y políticas a la derecha navarrista y al nacionalismo vasco.


No se trata solo de que los espacios políticos clásicos de Navarra (la derecha navarrista, la izquierda y el nacionalismo vasco) hayan mantenido sin grandes oscilaciones el peso electoral que vienen acreditando desde la transición, sino que también, y esto  es mucho más preocupante, la izquierda tampoco ha sido capaz de arrebatar a la derecha regionalista y al nacionalismo vasco la que viene siendo su principal baza política, que no es otra que haber hecho de la confrontación y mutua exclusión identitaria el centro y el eje de la lucha social y política en Navarra.


No es el objeto de esta ponencia el analizar como durante los últimos años de la dictadura y los primeros de la transición se gestó este escenario en Navarra. Sin embargo resulta evidente que ETA fue un factor decisivo al conseguir que una buena parte de la lucha y movilización social contra la dictadura se transformara en adhesión y lealtad hacia el nacionalismo excluyente que representaba. Y este proceso, fuerte e intenso durante los años de la transición, ha determinado de forma decisiva la configuración de los espacios y de la agenda política en Navarra hasta el día de hoy.


Así, la derecha regionalista y el nacionalismo vasco han actuado como polos antagónicos y mutuamente excluyentes, pero a la vez como aliados imprescindibles para recrear una lucha de identidades que a ambos ha interesado para fortalecerse social e ideológicamente. Una lucha de identidades que finalmente también ha contribuido a paralizar, desorientar y hasta asfixiar social y culturalmente a la izquierda. El enfrentamiento identitario retroalimenta tanto a la derecha navarrista como al nacionalismo vasco, moviliza sus bases sociales, y es una herramienta esencial para disciplinar al electorado en función de ese eje de confrontación, y por ello a quien beneficia principalmente es a quienes se oponen a la transformación de las actuales estructuras económicas y sociales. En este sentido no se debe olvidar que en lo práctico, es decir en el saldo electoral y en la balanza del poder, el hecho de que en gran medida el centro y el eje de la lucha política hayan pivotado sobre la confrontación y la exclusión identitaria se ha traducido en triunfos de la derecha navarrista, es decir, en garantizar una primacía electoral a esa derecha.


Por lo tanto cuando hablamos de las dificultades del cambio, y en concreto del cambio de izquierdas, nos enfrentamos en Navarra con unos condicionantes que durante décadas han obstruido decisivamente el avance de ese cambio. El primero de ellos es el propio mapa electoral histórico de Navarra, esto es, la distribución y el peso de los diferentes espacios políticos. Espacios políticos que en Navarra son la izquierda, la derecha navarrista y el nacionalismo vasco. Enfrentamos un mayoritario, aunque no absoluto, peso social y electoral de una derecha navarrista firmemente asentada en extensas redes económicas, sociales y culturales; y también afrontamos una consolidada presencia de un nacionalismo vasco fuertemente identitario que, en no pocas ocasiones, ha utilizado la lengua, la historia o la cultura como instrumentos al servicio de su construcción nacional, y que ha conseguido también articular importantes redes de socialización.


En segundo lugar nos encontramos con que el propio choque entre estos dos espacios ha desplazado y orillado la agenda social y de izquierdas del foco de la lucha política y electoral; choque entre la derecha navarrista y el nacionalismo vasco ante el que la izquierda no ha ofrecido una respuesta y una alternativa lo suficientemente autónoma, sólida, resistente y coherente. Por el contrario hemos comprobado como la referencia electoral mayoritaria del centro izquierda, el PSN, ha sido incapaz de asumir una posición de iniciativa y liderazgo progresista, y hemos visto como en momentos decisivos ha asumido una posición de clara subordinación ante la derecha navarrista. Así sucedió en 1996 cuando en vez de optar por rehacer un gobierno con base parlamentaria y programa progresista optó por ceder el gobierno  a UPN, y así sucedió también en 2007 cuando renunció a la presidencia de un gobierno tripartito de progreso y optó, nuevamente, por ceder el gobierno a UPN. Consideramos que resulta muy difícil, por no decir imposible, fortalecer y hacer avanzar un cambio de izquierdas desde la posición de renuncia y auto anulación que ha caracterizado la trayectoria política del PSN. Cuando los ciudadanos y el electorado de izquierdas comprueba todos los días el apoyo continuado del PSN al gobierno de UPN, y a sus políticas, se produce un efecto de desorientación y desmovilización que resta opciones al cambio progresista.


Y un tercer elemento que ha condicionado la viabilidad del cambio político ha sido que una mayoría del nacionalismo vasco en Navarra ha mantenido una posición radical y excluyente en la reivindicación identitaria. Este factor ha sido una constante desde la transición hasta la irrupción de Nafarroa Bai. De hecho, hasta la ilegalización de Batasuna el nacionalismo que no ha condenado el terrorismo de ETA ha sido mayoritario en Navarra en relación al nacionalismo democrático. Esto ha impedido durante muchos años cualquier escenario amplio de acuerdo de este espacio con la izquierda en torno a un programa progresista. Con la escisión de Aralar y la irrupción de Nafarroa Bai parecía que un bloque mayoritario del nacionalismo vasco en Navarra podía evolucionar hacia posiciones más abiertas, plurales y progresistas, además de democráticas, y permitir así escenarios programáticos de acuerdos amplios con la izquierda. De hecho en 2007 Nafarroa Bai se presentó a las elecciones forales con un discurso y una propuesta que se reclamaba defensora de la pluralidad en lo identitario y el progresismo en lo ideológico.


Sin embargo dos años y medio después de aquellas elecciones vuelve a resultar alarmante el retorno de Nafarroa Bai, al menos de sus principales componentes, hacia posiciones firmemente ancladas en reivindicaciones identitarias. Así, en Nafarroa Bai son hoy hegemónicos quienes aspiran a construir un frente nacionalista de la mano de Batasuna, cuando ETA decida poner fin a la violencia, con el que contribuir a dividir la sociedad vasca en identidades nacionales enfrentadas e incompatibles, y poder situar en la reivindicación soberanista la prioridad máxima de la lucha social y política. En esta estrategia, la cultura, la historia o la lengua, patrimonio de todos los navarros, son utilizados de forma partidista como instrumentos al servicio de la construcción nacional, la fractura entre identidades confrontadas es la consecuencia. Pública y abiertamente Aralar y EA vienen realizando continuos y reiterados pronunciamientos en favor de la articulación de este frente nacionalista.


Dentro del nacionalismo vasco hay fuerzas políticas de derechas y de izquierdas; pero estas segundas a la hora de optar entre priorizar las cuestiones identitarias o las cuestiones sociales tienen la tendencia de todo nacionalismo de priorizar las primeras; ante concluir alianzas que sumen a las fuerzas de izquierdas, o alianzas que sumen a las fuerzas nacionalistas, siempre se van a esta segunda opción. Ante la posibilidad real de constitución del frente nacionalista debemos recordar que dicho frente nada tendría que ver con el cambio de izquierdas, es más, opería de modo objetivo como un formidable obstáculo al cambio de izquierdas, y como un polo antagónico pero a la vez necesario para la derecha regionalista. Si ante las elecciones de 2007 Nafarroa Bai trasladó a la sociedad Navarra una propuesta de cambio asentada en la izquierda y la pluralidad, hoy Aralar y EA día a día alejan a Nafarroa Bai de ese compromiso electoral, y la confunden con polo y la agenda soberanista.


Por ello, hoy Nafarroa Bai difícilmente puede aspirar presentarse en Navarra como un valor, un activo y una garantía a favor del cambio de izquierdas. Nafarroa Bai vuelve a funcionar ante la derecha regionalista como lo ha venido haciendo el nacionalismo vasco desde la transición; como un polo antagónico, pero a la vez como un aliado imprescindible para recrear una confrontación identitaria que refuerza socialmente a ambos, y que a la vez obstaculiza e impide el cambio de izquierdas.


Esta situación ha condicionado de manera decisiva la actividad política de las instituciones en Navarra. La política municipal no siempre se está desarrollando en torno a las necesidades y problemáticas reales de los municipios. Están a la orden del día las mociones de censura o los equipos de gobierno rotos por discrepancias que nada tienen que ver con posiciones relativas a las políticas municipales;algunas mociones de censura provienen de la aplicación del pacto UPN-PSN y su voluntad de romper los gobiernos de izquierda. En el Parlamento la situación es similar. Iniciativas de marcado carácter social y claramente de izquierdas, muchas de ellas presentadas por IUN-NEB, no han prosperado en la legislatura actual; las que promovían una educación no segregadora, una escolarización equilibrada, el acceso a la vivienda, la atención a los mayores, un sistema de salud de calidad… Los presupuestos de Navarra surgen de un férreo pacto entre UPN y PSN más dirigido al reparto de prebendas y espacios de influencia, sobre todo a nivel municipal, que a satisfacer las necesidades de la ciudadanía.


Ante este escenario en IUN-NEB creemos que es necesario sacar conclusiones del camino recorrido y la experiencia acumulada para ser capaces de articular una propuesta que permita avanzar decisivamente en el cambio de izquierdas que la mayoría social de Navarra necesita. Sostenemos que en primer lugar hay que concluir que el único cambio posible en Navarra es el de izquierdas. El cambio nacionalista, además de no representar ninguna alternativa real al modelo social y económico, no es posible en términos de mayoría social, y empecinarse en mantenerlo como eje del cambio sólo serviría para facilitar la continuidad en el poder de la derecha navarrista. Es decir, el cambio en Navarra necesita del refuerzo del espacio de la izquierda, no del espacio nacionalista o identitario.


Y en este sentido hoy, a diferencia de otros, IUN-NEB sí es un valor, un activo y una garantía del cambio posible, del cambio de izquierdas. En definitiva, pensamos que el cambio de izquierdas exige y presupone un viraje del que ha sido durante las últimas tres décadas el núcleo principal del conflicto político y social en Navarra. El cambio de izquierdas implica que la confrontación política deje de girar prioritariamente en torno a la identidad, y pase a sustanciarse sobre la agenda social, los derechos sociales y ciudadanos, la democracia, la justicia social y la igualdad, o la movilización por otro modelo de desarrollo y por una salida justa y democrática ante la crisis y el paro. Y en consecuencia, el cambio de izquierdas obliga también a que las alianzas y los acuerdos políticos y sociales se construyan sobre la agenda y el programa de la izquierda, y no sobre el vínculo nacional, lingüístico o territorial.


Si se quiere avanzar con decisión en la dirección de un cambio de izquierdas es imprescindible afrontar y dar respuesta a estos hechos. IUN-NEB asume y se ubica en esta imprescindible redefinición de la articulación del cambio en Navarra. Pero es evidente que ese cambio de izquierdas tiene también que ver con el cambio de discurso de IUN-NEB, a veces muy institucionalista, poco rompedor con el sistema capitalista y con determinados capítulos de la actual Constitución. Asimismo, deberíamos tener una posición más autónoma, y a veces critica, respecto a los Sindicatos, sin que esto quiera decir caer en la confrontación. Plantear la movilización y el aprovechamiento de las instituciones para lanzar nuestro discurso.


3.5. El reto de 2011.


Mientras algunos, una vez más desde el nacionalismo vasco y la derecha navarrista, ya se han enfrascado en la fecha mágica de 2012 para mirar al pasado y poder seguir confrontando con cuestiones identitarias, sobre si Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa hablaba euskera o si la unión de Navarra a la corona de Castilla fue una imposición violenta o un feliz matrimonio, nosotros anteponemos al debate sobre el pasado las apremiantes necesidades sociales del presente y las inaplazables decisiones sobre el futuro. Y eso nos los jugamos día a día, pero también de forma especial en las elecciones de 2011.


En este sentido, para IUN-NEB el reto de 2011 es fortalecer la izquierda, hacer avanzar y hacer triunfar una alternativa de izquierdas en Navarra. Con un programa de cambio real y ambicioso dirigido a situar en el centro de la política y de las actuaciones de las instituciones los derechos sociales y ciudadanos, la justicia y la igualdad social, la democracia y la trasparencia de los poderes públicos. Y hacerlo con todos aquellos que se quieran sumar a una alternativa y a un programa con esta dirección y estos contenidos.


Ya hemos explicado por qué creemos que el único cambio posible en Navarra es el cambio de izquierdas, y cuales han sido algunos de los obstáculos más importantes que han impedido su materialización en el pasado. Pero también es necesario mirar al futuro, en primer lugar a las elecciones forales y municipales de 2011, para concretar cómo podemos fortalecer e impulsar las expectativas de ese cambio. Hoy, pasados dos años y medio de las elecciones de 2007, tanto el PSN como Nafarroa Bai se han alejado de los compromisos y contenidos del cambio de izquierdas. El PSN se ha acercado a la derecha regionalista y los partidos mayoritarios en Nafarroa Bai no ocultan sus deseos de pactar con Batasuna la constitución de un frente nacionalista. En consecuencia hoy tanto el PSN como Nafarroa Bai han marcado distancias con el cambio de izquierdas, y han orientado sus estrategias en otras direcciones e intereses.


Y sin embargo, recordémoslo una vez más, en Navarra el único cambio posible, además de necesario, ante la derecha es el cambio de izquierdas. Por ello desde IUN-NEB sostenemos la absoluta necesidad de fortalecer el espacio de la izquierda, y de debilitar a aquellos que le están dando la espalda. Sólo así será posible abrir de nuevo con toda la fuerza y la energía necesarias las posibilidades del cambio en Navarra. Que la derecha gobierne Navarra, y mantenga una notable hegemonía ideológica, cultural y social, no es consecuencia de ningún principio inmutable. Responde simplemente a unas circunstancias políticas y sociales que se pueden enfrentar y transformar.


Enfrentar y transformar fortaleciendo el espacio de izquierdas. Asimismo, fortalecer social y electoralmente el espacio de la izquierda no es en modo alguno un fin en sí mismo, debe tener como finalidad esencial situar la agenda social y de izquierdas en el centro de la lucha política. Porque una vez conseguido esto, situar la agenda social y de izquierdas en el centro de la lucha política, el cambio y la alternativa de izquierdas empezarán a ser ya una realidad. Y hoy en Navarra podemos afirmar sin complejos que somos nosotros, IUN-NEB, quienes nos mantenemos con mayor firmeza y coherencia en las propuestas y el discurso de la izquierda.


Si hace tres años el PSN y Nafarroa Bai reclamaban ante la sociedad ser unos representantes creíbles y fiables de la izquierda, y del cambio de progreso, hoy sus prácticas y estrategias les desautorizan. Por ello afirmamos que una forma útil y eficaz de reforzar el espacio de la izquierda, y de dar viabilidad al cambio de izquierdas, es participar y apoyar el proyecto y la propuesta que representamos. Porque ese apoyo significaría fortalecer el cambio real y posible, y a la vez censurar y desautorizar la conducta de quienes, o van de la mano de la derecha, o se dirigen a reforzar confrontaciones identitarias. Y a partir de que los ciudadanos voten la única condición que deberemos tener en cuenta para alcanzar pactos de gobierno con otros partidos democráticos será el programa.


Un programa de izquierdas, de cambio real del modelo social y económico, con el que situar los intereses y necesidades de la mayoría social en el centro de la actuación de los poderes públicos.


4. NUESTRA PROPUESTA.


Hemos de intensificar el esfuerzo por abrirnos a la sociedad, a la ciudadanía, a todos los movimientos sociales progresistas y de izquierdas, en constituir un factor de cambio. Pero esa apertura ha de hacerse con las ideas claras sobre cuáles son las propuestas que nos caracterizan y nos configuran como una organización de la izquierda republicana, socialista y federal.


4.1. Transformación social; un Estado solidario.


Vivimos en una sociedad injusta principalmente porque vivimos en una sociedad desigual. Vivimos en una sociedad donde las diferencias de clase agudizan más la injusticia y las desigualdades sociales. Los derechos reconocidos en teoría a todos los seres humanos por la Declaración Universal de Derechos Humanos, o a todos los ciudadanos europeos por los tratados de la Unión Europea, o a todos los ciudadanos españoles por la Constitución, no son en la práctica garantizados a todos. Dependiendo del nacimiento, la raza, el sexo, las creencias religiosas o políticas, la opinión y otras circunstancias personales o sociales se tienen más o menos derechos, o incluso no se tiene ninguno. Sigue habiendo ricos y sigue habiendo pobres; sigue habiendo quienes pueden acceder a una buena educación y quienes apenas reciben una mínima alfabetización; quienes tienen trabajo y quienes malviven en el desempleo; quienes tienen una vivienda digna y quienes no; quienes acceden a una atención sanitaria de calidad y quienes no lo pueden hacer; quienes pueden ejercer su libertad de expresión a través de diversos medios de comunicación, quienes no logran ser escuchados y quienes por determinados mecanismos son censurados; quienes son apoyados para superar su discapacidad física o psíquica y quienes se ven condenados por ella; quienes pueden participar en las decisiones colectivas y quienes ser ven marginados de la participación.


Los recursos económicos y políticos están desigualmente repartidos. El espejismo de que el crecimiento económico, a través del mercado, acaba por repartir sus bienes entre toda la población, acaba por beneficiar a todos y permite el ascenso social de los más desfavorecidos inicialmente, se revela como eso, como un mito o un espejismo. El capitalismo crea riqueza, pero también crea mucha pobreza y sobre todo crea desigualdad. Las cifras oficiales de organismos internacionales y nacionales son tozudas en el sentido de que en las últimas décadas la distancia entre los más ricos y los más pobres ha crecido en todo el mundo, y en que cada vez menos personas, familias y empresas acumulan mayores porcentajes de los recursos productivos.


Somos izquierda transformadora porque queremos, porque exigimos, porque trabajamos por la transformación social. Aspiramos a otra estructura política, otra estructura social, otra estructura económica más justa. Y esa transformación no se va a hacer sola, no va a venir con la mano invisible, no la va a hacer el mercado, no va a surgir con la economía capitalista. Esa transformación exige esfuerzo y exige el avance hacia el socialismo democrático.


La transformación social exige un Estado, unos poderes públicos, que trabajen por ella. Un poder público fuerte, democrático y participativo pero fuerte, que se proponga intervenir para garantizar los derechos de todos; para proteger particularmente los derechos de los más desfavorecidos; para establecer servicios públicos de calidad y accesibles a todos que garanticen el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho al trabajo, el derecho a la vivienda, el derecho al ocio; para redistribuir la riqueza y las oportunidades.


La transformación social exige un Estado que promueva no sólo el bienestar social, sino que promueva activamente la justicia y la solidaridad; no sólo un Estado de Bienestar sino también un Estado solidario. Un Estado que establezca un sistema tributario justo y progresivo, donde no solamente contribuyan todos sino que todos contribuyan en la medida en que puedan hacerlo, pagando más quienes más tienen, sin exenciones abusivas según obtengan rentas de trabajo o de capital, sin paraísos fiscales sean territoriales o sociales. Un Estado que incremente fuertemente el gasto público y especialmente el gasto social; un Estado que crea en la inversión pública y en beneficio de toda la ciudadanía; un Estado que no sea indiferente en cuanto al modelo de crecimiento económico, sino que lo ponga al servicio de las necesidades de toda la población y no de las de los sectores con más capacidad de decisión.


4.2. Democracia radical; la alternativa republicana.


No nos conformamos con una democracia reducida a la periódica celebración de elecciones; no nos conformamos con que las elecciones se reduzcan a un circo publicitario y mediático para vender un producto político a unos electores rebajados al papel de consumidores o clientes; no nos resignamos a la mera opción entre candidaturas cerradas elaboradas por partidos políticos convertidos en empresas que luchan por hacerse con la mayor porción del mercado electoral y que presentan programas electorales elaborados con las más sofisticadas técnicas de marketing para convencer al elector indeciso que son olvidados apenas se cierran las urnas.


Apostamos por una democracia radical, por recuperar la raíz del mismo concepto de democracia. Poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. En la sociedad compleja en la que vivimos no basta con la afirmación teórica de que la soberanía corresponde al pueblo; una democracia de verdad exige extremar el celo por multiplicar y potenciar los mecanismos de participación de los ciudadanos; por posibilitar que cada ciudadano y ciudadana pueda participar en las decisiones, y no sólo unos pocos privilegiados; por garantizar la transparencia en la actuación de todos los poderes públicos; por asegurar una información libre y objetiva al alcance de todos; por extremar los mecanismos de control sobre quienes ejercen el poder; por acercar las decisiones todo lo posible a quienes las van a soportar.


Porque creemos en la democracia radical somos republicanos. Y somos republicanos en el doble sentido que tiene la expresión:


a) Porque creemos que todos los cargos públicos han de estar al alcance de todos los ciudadanos, incluida la Jefatura del Estado. Rechazamos la monarquía porque supone reservar la suprema magistratura del Estado a una familia y excluir de ella al resto de la ciudadanía. Pero, además, mantener la sucesión hereditaria de la Corona, por el carácter simbólico que tiene la institución, supone aceptar valores tan  conservadores como el papel de la herencia y de la tradición en la conformación de la sociedad política. Además, en el caso particular de la monarquía española, se consagra también el modelo patriarcal al preferir la sucesión masculina a la femenina.


b) Porque creemos en la red publica, porque creemos en la igualdad, porque asumimos la tradición de la democracia liberal con espíritu crítico para trascenderla, no limitamos la República a la forma en que se configura la Jefatura del Estado. La República, el Estado republicano, debe basarse no en una nación abstracta sino en la ciudadanía, en la participación, en la pluralidad; en la libertad entendida no como mera abstención del poder público ante el individuo, sino como tarea colectiva que implica la lucha por la emancipación personal y colectiva; en la igualdad entendida no como mero reconocimiento de la igualdad legal sino como efectiva igualdad de oportunidades; en la fraternidad entendida como organización solidaria de la sociedad que promueve la justicia y la felicidad para todos.


Por lo tanto nuestra apuesta es clara: una reforma constitucional para llegar a una III República Federal, Laica, Democrática y Solidaria, capaz de garantizar los mismos derechos económicos y sociales a la ciudadanía independientemente del territorio donde resida, que garantice la planificación de la economía en función de las necesidades sociales, y ecológicamente sostenible, basada en un amplio sector económico público controlado democráticamente, la democracia participativa y el derecho de los pueblos a su libre Autodeterminación. Una reforma constitucional que deberá estar precedida de un Referéndum donde nuestros pueblos puedan decidir entre las dos formas de Estado: Monarquía o República. Esa será la exigencia de IU.


4.3. Con el trabajo y los trabajadores.


Como decía el artículo primero de la Constitución de 1931, queremos “una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. Asumimos la tradición del movimiento obrero y ponemos en el centro de nuestra actividad política los problemas de los trabajadores y trabajadoras, la contradicción capital-trabajo y su interrelación con otras contradicciones insolubles dentro del sistema capitalista: la crisis ecológica o alimentaria y los problemas de la pobreza. La lucha por la igualdad, la centralidad de los problemas del mundo del trabajo y de los derechos sociales en nuestra agenda caminan de la mano junto con las otras contradicciones.


Los trabajadores y trabajadoras son la mayor riqueza de nuestra sociedad.  Apoyamos su organización y movilización, la acción sindical en las empresas y la negociación colectiva como instrumento para la garantía de los derechos de los trabajadores, en particular para mantener y mejorar su poder adquisitivo y su protección social, así como la globalización de los derechos y la acción sindical a nivel internacional para hacer frente a un capital globalizado que utiliza sistemáticamente el dumping social y la desregulación de todo tipo (laboral, medioambiental) para el mantenimiento de sus privilegios.


Queremos una mejora de la situación de los asalariados frente a la explotación y la exclusión propias del sistema capitalista, incluidos los parados y quienes buscan trabajo. Aumento del salario mínimo, penalización de la precariedad laboral, lucha contra la discriminación salarial; medidas efectivas de inserción laboral de discapacitados, inmigrantes y personas con mayores con dificultades; derecho a la conciliación de la vida personal, laboral y familiar. Prioridad en la creación de empleo fijo y de calidad.


Pero no nos conformamos sólo con una mejora de las condiciones de vida de los asalariados. Defendemos un modelo económico alternativo que contemple el interés social sobre el beneficio privado, el trabajo sobre el capital, un desarrollo social y ecológicamente sostenible, el control público y social de la economía, el mantenimiento de la propiedad y la gestión pública de los servicios públicos y los sectores productivos estratégicos, la planificación democrática de la misma y la intervención de los trabajadores en la organización del trabajo y el control del excedente económico.Frente a los intentos de refundación del capitalismo, decimos que solo el socialismo, el internacionalismo y el desarrollo sostenible pueden dar solución a los problemas de los trabajadores, de los pueblos y del Planeta.


4.4. Autogobierno y participación; nuestro federalismo.


Apostamos por una democracia participativa real, creando los mecanismos necesarios para que la ciudadanía se vea como sujeto activo en las decisiones colectivas frente a una democracia formal, institucionalizada y reducida a la mera lucha por el ejercicio del poder.


Nos hemos de reafirmar en nuestra alternativa por la República Federal, por el federalismo, por el pacto entre los ciudadanos para constituir la organización política. Otros que enuncian el federalismo en sus estatutos o en sus principios, se abstienen de promoverlo en la práctica. Para nosotros el federalismo es la consecuencia inevitable de nuestra apuesta por la democracia y la participación.


Nuestra opción federalista no es un intento de satisfacer o aplacar a los nacionalismos o regionalismos que rivalizan por imponer sus ideas, sino una alternativa ideológica a los mismos. Afirmamos la soberanía de los ciudadanos y ciudadanas y la construcción de la democracia en todos los niveles de la organización social, propugnamos la unidad federal construida sobre la libertad y la voluntad, sobre la máxima autonomía política y corresponsabilidad de las Comunidades Autónomas, la participación ciudadana y la solidaridad entre los ciudadanos y los territorios. No reducimos la soberanía o la autodeterminación a decisiones puntuales sobre dónde situar las fronteras nacionales; todos los procesos de  decisión afectan a varias partes y deben resolverse mediante la negociación y el pacto.


La República Federal Solidaria que propugnamos es de libre adhesión y, por tanto, reconocerá el derecho de autodeterminación de todos los pueblos, regulándose su ejercicio a partir de la exclusión de la violencia como medio para la resolución de conflictos entre pueblos, de modo que su participación en el Estado descanse sobre su libre decisión y no sea impuesta por la fuerza. A su vez, la solidaridad requiere un sistema de financiación equitativo y solidario concertado multilateralmente en un marco federal, donde cada uno aporte progresivamente según su renta y reciba según sus necesidades, de modo que la carga fiscal dependa de los ingresos de cada persona física o jurídica, y no del territorio donde resida -con independencia de que la recaudación sea gestionada desde cada comunidad- y con una redistribución equitativa tal que, descontados los gastos federales generales, cada comunidad reciba la parte proporcional que le corresponda, de acuerdo con criterios objetivos acordados de forma multilateral como la magnitud de la población o del territorio. Es nuestro objetivo irrenunciable que cualquier ciudadano o ciudadana que viva en cualquier comunidad Autónoma goce de la misma calidad de servicios públicos, los mismos derechos y las mismas prestaciones.


Concebimos a Navarra en un doble marco federal, español y europeo. Consideramos el autogobierno como principio básico de la organización institucional de nuestra tierra. Somos los ciudadanos y ciudadanas que vivimos en Navarra quienes debemos decidir todas las cuestiones que nos afectan directamente. Desde una perspectiva de izquierdas el autogobierno debe servir para impulsar y desarrollar mejor las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas que son imprescindibles para garantizar los derechos y la satisfacción de las necesidades de todos, así como un mayor control social sobre el poder político, mayor trasparencia y más eficacia.


4.5. Nuestra identidad laica: pluralismo y convivencia.


Somos una organización laica que propugna el laicismo de la organización política. Laicismo en un sentido amplio, no solo -aunque también- en su acepción más usual en relación con la religión.


Los poderes públicos han de respetar con el máximo rigor la libertad de las personas, en particular en relación con su opinión y sus creencias religiosas, filosóficas y políticas, y también han de garantizar el derecho a la diferencia, la pluralidad cultural, lingüística e identitaria de la sociedad en la que vivimos. El poder público ha de regirse por una serie de valores compartidos que hagan posible la convivencia en un marco de respeto de los derechos de todos, pero no ha de imponer una identidad ni a los ciudadanos individualmente, ni a los colectivos sociales ni a la sociedad en su conjunto.


En el pasado el Estado ha pretendido imponer una identidad religiosa, con una religión oficial y obligatoria. Hoy ya no es aceptable la afirmación de la Constitución de Cádiz de que “la religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”. Ni el Estado ni la Nación pueden declarar una religión como verdadera y mucho menos imponerla. El Estado debe ser laico, es decir, debe respetar la libertad religiosa, la libertad de profesar y expresar cualquier creencia religiosa, o de no profesar ninguna, y la libertad de practicar o no practicar esa religión y sus modos de culto, con los únicos límites de la ley para preservar el orden público y los valores esenciales del régimen democrático. Pero debe ser neutro ante las diferentes confesiones  u opciones religiosas, no debe ni propugnar, ni obstaculizar, ni identificarse con ninguna de ellas. Debe garantizar y promover el ejercicio del derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos, pero no debe promover ninguna confesión o práctica religiosa en particular. Y en este sentido, reivindicamos que España pase a ser de verdad, y no sólo en la teoría de su texto constitucional, un Estado laico, porque quedan en las leyes y las prácticas políticas muchos rastros de la antigua confesionalidad católica.


Apostamos por un modelo de estado inspirado en los valores del humanismo laico, que se asienta en el principio de libertad absoluta de conciencia. Hay que derogar el inadmisible Concordato suscrito con el Vaticano hace tres décadas y liberar a la escuela pública del adoctrinamiento de cualquier religión. Proclamar el carácter laico del Estado y de los servicios públicos, que elimine los privilegios concedidos por el Estado a la Iglesia Católica, como la inclusión de la religión en la Escuela.


Pero después de la identidad religiosa con frecuencia el Estado ha pretendido imponer una identidad nacional. Tampoco aceptamos que se pretenda imponer ideas esencialistas como la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles” del actual texto constitucional. El Estado ha de ser laico también en lo nacional e identitario, respetuoso con el pluralismo de identidades y no propugnar ninguna idea trascendente en torno a la nación o la patria. Imponer una identidad nacional está tan fuera de lugar como imponer una identidad sexual prohibiendo la homosexualidad y la transexualidad, algo que afortunadamente hoy se está superando incluso con la aprobación de leyes que garantizan el derecho a ser respetado en la orientación sexual y a la transexualidad.


El federalismo que defendemos no es un federalismo nacional ni nacionalista sino un federalismo pluralista o plurinacional que acoge la pluralidad de identidades nacionales que pueden existir en un mismo territorio; plurinacional no únicamente en el sentido de que suponga unir varias naciones preexistentes con límites perfectamente definidos, sino porque permite la convivencia en el mismo territorio y en la misma comunidad de personas que tienen concepciones distintas sobre la nación a la que pertenecen y que mantienen distintos sentimientos de identidad. Personas de diferentes sentimientos de identidad nacional, diferentes concepciones del hecho nacional y diferentes proyectos han de poder convivir en el mismo marco político.


Queremos una Navarra plural, integradora y tolerante. Navarra es un territorio abonado para la controversia social y política, con un plus de polarización identitaria debido a una alta diversidad, a los grandes contrastes internos y a una tradición histórica cargada de conflictos. Frente a los modelos culturales excluyentes, sean en versión españolista, navarrista o vasquista,  nosotros apostamos por una Navarra cuyas señas de identidad sean la pluralidad y la integración. Es necesario superar la tendencia a la exclusión y a la fractura entre las distintas opciones sociales y culturales que componen Navarra. Sus poderes públicos han de garantizar el derecho a la identidad y a la diferencia, pero no imponer identidades verdaderas u oficiales. El diálogo en todas sus formas y ámbitos debe ser el mejor instrumento de trabajo y el único camino democrático.


La pluralidad y el diálogo deben practicarse hacia dentro y hacia afuera. Es por ello que defendemos la normalización de las relaciones con la Comunidad Autónoma del País Vasco y el reconocimiento institucional a la identidad vasca de una parte de la ciudadanía navarra, sin que ello implique ningún menoscabo del pleno autogobierno de Navarra. Igualmente apoyamos la normalización lingüística con  desarrollo de la ley foral del vascuence para que se puedan incorporar a la zona mixta cuantos ayuntamientos lo decidan de forma democrática, apoyo al uso de la lengua vasca en los medios de comunicación y un rápido acuerdo de los gobiernos navarro y vasco para la captación de ETB.


4.6. Hombres, mujeres e igualdad.


El feminismo es una de las señas de identidad de la izquierda y de Izquierda Unida en particular. Nuestro compromiso con el feminismo y la igualdad entre mujeres y hombres es irrenunciable. En una de las desigualdades –injusticias- más evidentes que ha venido existiendo en nuestra sociedad, en cualquier sociedad, hemos recorrido un camino muy importante. Buena parte de las mujeres de hoy nacieron todavía en tiempos en los cuales su situación conforme a las leyes vigentes era de una permanente minoría de edad y sumisión a los hombres. Hace todavía menos de cuarenta años era necesario el permiso marital para que una mujer firmara un contrato de trabajo o abriera una cuenta bancaria. Uno de los mayores logros del movimiento feminista ha sido la total equiparación de derechos que partiendo de la Constitución se ha ido introduciendo en toda nuestra legislación, desde el derecho de familia hasta las listas electorales paritarias.


Pero si en el terreno jurídico y político se ha conseguido la igualdad, en la realidad social, en la experiencia práctica de cada día, la desigualdad y la discriminación siguen existiendo, la mentalidad patriarcal y machista se manifiesta a cada paso. Con frecuencia las buenas intenciones del legislador conviven con la falta de voluntad de llevarlas a la práctica. La igualdad real sigue pendiente; quedan muchos techos de cristal que romper, muchas exclusiones subrepticias, muchas diferencias de hecho, muchas situaciones que perpetuan la dominación-sumisión e incluso la empeoran (la violencia de género, una de las plagas del siglo XXI). En el ámbito laboral, educativo, sanitario. Es necesario mantener y potenciar las políticas de igualdad y de discriminación positiva. Hemos de intensificar nuestra exigencia de paridad efectiva en todos los ámbitos de representación social e institucional: en la lucha contra la feminización de la pobreza, contra la violencia de género, contra la discriminación social removiendo los obstáculos que dificultan la participación de las mujeres en condiciones de igualdad con los hombres en todos los niveles, y luchar por la paridad efectiva tanto en el ámbito privado como en las distintas esferas de lo público, en la conciliación de la vida familiar, personal y laboral.


Queremos una sociedad de hombres y mujeres iguales en derechos, incluido el derecho a su diferencia, iguales en dignidad y en oportunidades. Una sociedad de mujeres y hombres que ha de edificarse mediante la cooperación, mediante la complicidad, mediante el cambio de mentalidad y la ruptura de los tópicos que dividen a la sociedad por géneros.


4.7. Nuestro planeta; ecologismo y pacifismo.


La humanidad en su conjunto se enfrenta a una amenaza cierta para su subsistencia en nuestro planeta; el futuro de las generaciones que vienen está seriamente comprometido. Aunque desarrollamos nuestra actividad en un planeta cuyos recursos son finitos, el modelo económico imperante, capitalista y depredador, basado en el desarrollo infinito, en el incremento constante de la producción y el consumo, en el gasto creciente de materias primas y en el consumo acelerado de energía, funciona como si no existieran límites al crecimiento.


No hace falta atemorizar con el anuncio de un Apocalipsis futuro. El presente ya es suficientemente preocupante. La contaminación de suelos, mares y atmósfera; la producción de residuos cada vez más peligrosos; el cambio climático causado principalmente por las emisiones de CO2; el deshielo de los polos y la desaparición de glaciares; la destrucción de los ecosistemas, la extinción de especies animales y la deforestación masiva; el agotamiento de los recursos pesqueros por sobreexplotación; las sequías cada vez más frecuentes; son fenómenos que ya están alterando nuestra vida, que producen importantes daños en la calidad de vida de las poblaciones más afectadas, que en ocasiones agreden directamente la salud de las personas y producen la muerte de las más indefensas.


Un orden económico basado en la acumulación y en la competitividad (de individuos, de empresas, de países) lleva consigo inevitablemente a la toma de decisiones con un criterio radicalmente egoísta y a corto plazo. Importa cuadrar la cuenta de resultados de este trimestre; importa la cotización de la bolsa de esta semana; importa el dato del IPC de este mes; importa la intención de voto del sondeo de hoy mismo. La inexistencia de un gobierno mundial que analice y planifique con la vista puesta en el largo plazo y en los intereses comunes del planeta hace que todos los actores políticos, sociales y económicos con capacidad de tomar las decisiones más relevantes se sacudan su responsabilidad y esperen a que sean los demás quienes salven la papeleta. Las grandes declaraciones, los grandes eventos de un ecologismo de boquilla convertido en políticamente correcto y obligatorio, se convierten en humo. Los compromisos se incumplen (ahí tenemos el triste caso del Protocolo de Kyoto) sin que nadie se sienta responsable. A nivel individual el panorama tampoco es mucho mejor. Los consumidores de los países desarrollados confían en mantener el nivel de despilfarro que les garantiza una confortable calidad de vida; los de los países en desarrollo aspiran a alcanzar esos mismos niveles; los sectores más depauperados exigen poder alcanzar unos mínimos de supervivencia que ahora mismo ni siquiera tienen garantizados.


Las agresiones al medio ambiente, además de poner en peligro la existencia de la especie humana, incrementan las desigualdades. La escasez de recursos para satisfacer las necesidades materiales de nuestra civilización incide en un reparto más desigual y genera un orden político y económico internacional más agresivo y menos solidario. Los países ricos trabajan para seguir acumulando riqueza; los menos ricos tratan de abrirse paso a codazos. Si el momento de las grandes guerras mundiales parece que ha pasado, ya que a diferencia de otras  épocas los enormes daños que pudieran causar no compensarían jamás las posibles ventajas, las pequeñas guerras localizadas en el Tercer Mundo son un fenómeno crónico, y la mayor parte de las veces están inducidas por la lucha por el acceso a recursos naturales, por garantizarse el suministro de materias primas o de fuentes de energía, o por consolidar espacios de influencia económica. A su vez, las desigualdades dentro de los países aumentan, incluido el llamado “primer mundo” en cuyo seno se extiende el llamado “cuarto”, mientras la riqueza insultante de las clases dominantes en el mundo menos desarrollado resalta la miseria que padece la gran mayoría de su población, que es también la mayor parte de la humanidad.

Nos comprometemos a construir un modelo de desarrollo que garantice la calidad de vida de la generación actual sin comprometer la de las generaciones futuras, un modelo de desarrollo sostenible con la incorporación de los costes ecológicos y sociales en la realización de infraestructuras y en la contribución económica de todas las actividades productivas a la corrección de los impactos ambientales y a la protección del medio. Ello solo será posible superando el modelo económico y social imperante; el capitalismo, la ideología del mercado, son incompatibles con el desarrollo sostenible porque por naturaleza se basan en el crecimiento sostenido e ilimitado, en una sed insaciable de acumulación y ganancias. El único sistema social que realmente va a estar interesado en un desarrollo económico sostenible y respetuoso con la naturaleza es aquel que se base en una planificación democrática de la economía y en la participación de toda la sociedad en su gestión y gobierno. 

Además del ecologismo, el pacifismo es otra de nuestras señas de identidad y otro de nuestros compromisos irrenunciables. La guerra, el uso de la violencia para conquistar posiciones políticas o económicas es radicalmente contrario a la defensa del derecho a la vida, a la dignidad humana y al resto de derechos humanos que asisten a todas las personas. La ley del más fuerte se opone al principio de igualdad que distingue a la izquierda. La imposición mediante la violencia física o la amenaza es incompatible con los principios democráticos, con la decisión a través del debate, el consenso, la regla de la mayoría y el respeto de las minorías y el pluralismo que están en su base.

La paz es el único camino tanto a nivel internacional como interno de los estados. Nos oponemos a la guerra, a las políticas de bloques y a la carrera de armamento, que con menor intensidad y visibilidad que en la época de la Guerra Fría siguen siendo realidad. Creemos en la potenciación de los espacios de negociación, conciliación y acuerdo para resolver los conflictos entre países. Por las mismas razones nos oponemos a todas las formas de terrorismo, se practiquen desde poderes públicos o desde grupos privados, y se practiquen con cualquier excusa, para la presunta defensa de derechos individuales o colectivos vulnerados o para la supuesta lucha contra el propio terrorismo. Apoyamos la lucha contra el terrorismo, pero siempre dentro de los límites del Derecho Internacional y del Estado de Derecho, sin buscar atajos que pasen por la disminución de las garantías de los derechos y libertades.


En particular, estamos comprometidos con la desaparición del terrorismo de ETA, con el reconocimiento de las víctimas y con la normalización política en nuestro país de modo que la violencia quede definitivamente excluida y sustituida en todo caso por utilización de los principios y procedimientos exclusivamente democráticos para la resolución de cualesquiera cuestiones políticas, a través de la participación ciudadana, el respeto de la voluntad popular y la cultura del consenso y de los acuerdos transversales para establecer soluciones a los problemas de convivencia. Exigimos el respeto escrupuloso de los derechos de detenidos y presos, y en particular a la asistencia letrada desde el momento de la detención y un juicio rápido con todas las garantías, y la adopción de medidas efectivas para evitar y perseguir la tortura, como la instalación de videocámaras en los centros de detención.Discrepamos de la Ley de Partidos Políticos y de sus consecuencias. Apoyamos las medidas de reconocimiento y asistencia política, social y material a todas las victimas del terrorismo, cualquiera que sea su origen, y rechazamos cualquier manipulación de las mismas con fines partidistas.


20 ideas y 11 propuestas para la izquierda navarra


IDEAS


1. La crisis que ha sufrido IU en los últimos años no es la crisis de sus valores ni objetivos; hay un espacio político propio y viable para la izquierda alternativa.


2. Es necesaria una reacción fuerte, decidida y coherente de la izquierda social para relanzar una organización con propuestas útiles y viables para la transformación social.


3. Es precisa la Refundación de la Izquierda sin perder sus señas de identidad socialistas, feministas, republicanas, federalistas y pacifistas. Una izquierda anticapitalista en lucha permanente contra la desigualdad y la injusticia social y a favor de los más desfavorecidos. Que recupere y mantenga la memoria histórica de aquellos que dieron la vida por la libertad, la justicia social y la república solidaria


4. Convocatoria abierta a las personas y colectivos que forman la izquierda transformadora que es y ha de ser plural.


5. La Izquierda debe ser capaz de crear espacios comunes de deliberación y aprendizaje, de buscar nuevos modos de organización participativos y no excluyentes que sean dinámicos y eficaces para defender sus programas de acción.


6. La actual crisis económica no es sino muestra del agotamiento y fracaso del sistema capitalista y del pensamiento neoliberal que en los últimos treinta años ha impuesto su supremacía ideológica.


7. El sistema capitalista no es capaz de garantizar los derechos de todos, ni siquiera los más básicos de alimentación, vivienda, trabajo, educación o asistencia sanitaria; es un sistema injusto que produce desigualdad y pobreza y es socialmente insostenible.


8. El capitalismo es ecológicamente insostenible e incompatible con el futuro del planeta; está basado en la acumulación permanente, en la sobreproducción y el consumo creciente, en una lógica de depredación de todos los recursos.


9. Frente a la globalización neoliberal que genera más desigualdad, más pobreza, menos democracia y más guerras y violencia, cabe otro mundo basado en los derechos humanos, sociales, medioambientales y democráticos. Es imprescindible otro sistema, cabe una alternativa socialista.


10. El bipartidismo que quieren imponer PSOE y PP supone su alternancia en el poder pero no una real alternativa; su modelo económico y social es fundamentalmente el mismo, el mismo modelo neoliberal que ha originado la actual crisis económica.


11. La derecha pretender salir de la crisis en toda Europa con el mismo modelo que la ha causado, perpetuándolo con unos pocos ajustes. La única receta de la derecha es mantener el sistema a costa de que la crisis la paguen los trabajadores.


12. La izquierda ha de movilizarse contra la crisis plantando batalla en el terreno de los valores y los principios y ofrecer un modelo alternativo social y ecológicamente sostenible. El gobierno del PSOE ha de optar entre mantener las mismas políticas antisociales de la derecha o dar un giro a favor de otro modelo.


13. Navarra lleva casi veinte años bajo el gobierno de la derecha, que ha aplicado sistemáticamente políticas que bajo la apariencia de un desarrollo económico equilibrado y un bienestar generalizado encubren una distribución de la riqueza crecientemente desigual, un retroceso de los derechos sociales y una peculiar democracia clientelar de escasa calidad, así como un futuro ecológicamente insostenible.


14. La derecha regionalista en el poder ha hecho de la confrontación y mutua exclusión identitaria el centro y el eje de la lucha social y política de Navarra, utilizando al nacionalismo vasco como polo antagónico y al tiempo como aliado imprescindible para fortalecerse.


15. La lucha identitaria retroalimenta a la derecha regionalista y al nacionalismo vasco en perjuicio de la izquierda, que se ve asfixiada social y culturalmente e incapaz de sacar adelante sus propuestas.


16. La izquierda navarra no ha ofrecido una respuesta y una alternativa al predominio de la derecha y a la fractura identitaria; el PSN se ha acomplejado ante el problema identitario y ha preferido doblegarse ante la derecha navarrista y negociar unas pocas prebendas en nombre de la estabilidad; los sectores de izquierda del nacionalismo vasco han optado siempre por priorizar la cuestión identitaria y por el frente nacionalista en perjuicio de las alianzas de izquierdas.


17. El cambio de izquierdas implica que la confrontación política deje de girar prioritariamente en torno a la identidad y pase a sustanciarse sobre la agenda social, los derechos ciudadanos, la democracia, la justicia y la igualdad.


18. El reto de 2011 es fortalecer la izquierda, hacer avanzar y triunfar una alternativa progresista en Navarra con un programa de cambio real.


19. Ni PSN ni Nafarroa Bai son garantía de un cambio de izquierdas, ya que sus estrategias están situadas en otros objetivos: la estabilidad institucional y el pacto con UPN con refuerzo mutuo de los ejecutivos de Navarra y España, o las cuestiones identitarias y el frente soberanista.


20. IUN-NEB ha de trabajar por la clase trabajadora,  especialmente por los que más están pagando la crisis, como inmigrantes, jóvenes, mujeres, etc.,  por un modelo anticapitalista que mantenga y refuerce su idea de lucha contra las élites del capital causantes de la desigualdad y la injusticia social y constituir una referencia de ética y lucha en Navarra


PROPUESTAS.


I. Transformación y avance social. Otra estructura política, otra estructura social, otra estructura económica más justa, mediante el avance hacia el socialismo democrático.


II. Estado Solidario. Que promueva activamente la justicia y la solidaridad, con un sistema tributario justo y progresivo, que incremente fuertemente el gasto público y especialmente el gasto social y la inversión pública en beneficio de toda la ciudadanía, especialmente la inversión social y la inversión para la reactivación de la economía localizada. Que pague mas quien más tiene.


III. Democracia radical.  Apuesta por los mecanismos de participación de los ciudadanos; por la transparencia en la actuación de todos los poderes públicos; por la información libre y objetiva al alcance de todos; por el control sobre quienes ejercen el poder; por acercar las decisiones a la ciudadanía. Por una ley electoral justa.


IV. República. Todos los cargos públicos han de estar al alcance de todos los ciudadanos, incluida la Jefatura del Estado, y ello es incompatible con la monarquía. Valores republicanos: ciudadanía, participación y pluralidad; libertad como tarea colectiva que implica la lucha por la emancipación personal y colectiva; la igualdad más allá de la igualdad legal, efectiva igualdad de oportunidades; organización solidaria de la sociedad.


V. Trabajo. Defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras; movilización y acción sindical, negociación colectiva como instrumento para la garantía de sus derechos; globalización de los derechos y la acción sindical a nivel internacional.


VI. Federalismo. Soberanía de los ciudadanos y ciudadanas, unidad federal construida sobre la libertad y la voluntad, máxima autonomía política y corresponsabilidad de las Comunidades Autónomas, solidaridad entre los ciudadanos y los territorios, e igualdad de derechos y de servicios fundamentales para los ciudadanos.


VII. Laicismo. Estado laico. Libertad de opinión y de creencias, derecho a la diferencia y a la identidad. Los poderes públicos no han de imponer ni identificarse con ninguna identidad religiosa, nacional o cultural. Acabar con la asignatura de religión en la escuela, apuesta total por la escuela pública, y derogación del Concordato con el Vaticano.


VIII. Navarra plural, integradora y tolerante. Superación de la exclusión y la fractura entre las distintas opciones sociales y culturales. Derecho a la identidad y a la diferencia de todos; diálogo como instrumento de convivencia.


IX. Igualdad entre mujeres y hombres. Por la igualdad real y no solo legal;  políticas de igualdad y de discriminación positiva; por la paridad en todos los ámbitos de representación social e institucional, públicos y privados; lucha contra la discriminación, la feminización de la pobreza y la violencia de género.


X. Desarrollo sostenible. Freno al crecimiento salvaje y al consumismo. Incorporación de los costes ecológicos y sociales en todas las actividades productivas, corrección de los impactos ambientales, protección del medio.


XI. Paz. La paz es el único camino tanto a nivel internacional como interno de los estados; no a la guerra, a las políticas de bloques y a todas las formas de terrorismo. Espacios de negociación, conciliación y acuerdo para resolver los conflictos entre y dentro de los países.